Parece que mi iPod ha decidido separarse de mí por tiempo indefinido. Debe ser que no le gustaba ir en el bolso y le fastidió bastante que lo prestase en el viaje a Londres. Desde ese momento, se puso en huelga. Primero comenzó a quejarse con extraños sonidos. Más tarde decidió cortar la luz para que no viese la pantalla y por último, murió por inanición al no dejar que lo cargase. Por lo tanto, me he visto en la necesidad de reemplazarlo por otro nuevo. 
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