Los últimos meses la televisión bombardea a los mecánicos espectadores con anuncios de los llamados coches ecológicos. Estos coches, dicen, contaminan menos, emiten menor cantidad de CO2, y, por lo tanto, deberíamos estar en la obligación de aparcar nuestros viejos mecheros, leáse de gasolina, en pos de la ecología. ¡Por supuesto! ¿Cómo no nos habíamos dado cuenta que comprar un coche y usarlo hasta para ir a comprar el pan ayudaría a frenar el efecto invernadero? ¡Y nosotros pensando en apuntarnos al método M!
¿Se trata, entonces, de una iniciativa ecológica o más bien comercial? Nos instan a deshacernos de los coches antiguos más contaminantes para poder ser fiel a la nueva normativa europea pero, a la hora de la verdad, no hay ningún impedimento para comprar automóviles que se asemejan más a chimeneas industriales que a un vehículo de tracción. Marcas y modelos todoterreno que bien podrían matar ardillas mientras sus dueños aprovechan para pasear por el campo. ¡Qué orgullosa me siento cada vez que veo los nuevos carriles destinados al aparcamiento público! Lo que no acabo de comprender en por qué se les llama carril-bici.
¡Qué concienciación más adecuada! Nos engañan abiertamente y nosotros, como buenos borregos, eso sí, de ganadería ecológica, nos dejamos engañar. ¿No sería más lógico abogar por un transporte público más óptimo en precios y cadencia? Parece que no. Asimismo, estos coches llevan un extra incluido en el precio. Se trata ni más ni menos del disipador de conciencia. Este nuevo artilugio despista la conciencia medioambiental y la confunde para olvidarnos, después del bien tan grande que hemos realizado con dicho desembolso, de la necesidad de reciclaje, ahorro de agua e, incluso, de donación de sangre porque, puestos al olvidar, cuanto más mejor.
Comercial a medias con el gobierno, porque si fuera tan importante no te subvencionarían con dos duros un coche que mínimo vale 4 kilos... Si quieren frenar el efecto invernadero del que tanto se les llena la boca, que inviertan en transportes públicos y subvencionen las bicicletas. ¿No te parece?