• Luis Roderas: el sueño hecho realidad’
  • 13/03/2005 13:22

  • A sus 30 años, el zaragozano Luis Roderas ha relanzado su carrera en la primera de TVE, como presentador de la nueva temporada del rebautizado programa “Un, dos, tres... ¡A leer esta vez!". Diez programas le han bastado para cautivar a los espectadores con ese característico derroche de simpatía y sencillez.

    Luis Carlos Larrodera comenzó desde muy joven a trabajar en los medios de comunicación. Su primer acercamiento a ellos fue como presentador de un programa en una radio local. El paso a televisión llegó con un proyecto propio, Sesión Continua, que se mantuvo en antena tres años. Reconoce que “los inicios son muy complicados" y asegura que muchas veces no se obtiene ningún tipo de recompensa moral. Más tarde presentó Bienvenidos al infierno.Y fue preparando la cuarta temporada de ¡Que viene el lobo!, un programa de entrevistas en Antena Aragón, cuando se enteraría que iba a ser el nuevo presentador del Un, dos, tres... ¡A leer esta vez!. “He seguido un camino que ha sido el más largo pero creo que el más provechosos para mí. He ido paso a paso, no he saltado ningún escalón".

    La entrada de ProIntel, en el barrio madrileño de Chamartín, es acogedora, con predominio de colores claros y cálidos. Los carteles de las películas de Narciso Ibáñez Serrador decoran en las paredes de la recepción. Después de una confusión con el segundo nombre del presentador, aparece Luis Roderas al fondo de la sala con cierto ímpetu. Saluda afablemente al fotógrafo estrechándole la mano y se presenta cordialmente, tras un intento fallido por mi parte de estrecharle la mano, con dos besos. La primera impresión es muy favorable. Tras bajar por una estrecha escalera, nos dirigimos a una sala donde podamos realizar la entrevista. La oficina en la que nos encontramos tiene el techo algo bajo por lo que la acústica es bastante buena. Es un lugar de trabajo tranquilo con una mesa de madera negra, sillas de oficina, un ordenador de sobremesa y, apoyado sobre él, un calendario de una conocida empresa de transporte urgente. A su espalda está lo que parece ser un ventanal, con las persianas echadas. La habitación está iluminada por fluorescentes. En este instante la mesa está despejada casi por entero, Luis Roderas se ha molestado en apartar todos los papeles, agendas y carpetillas que había encima y trasladarlas a una mesa cercana.

    Luis Roderas, es un “chaval" — como se denomina así mismo — moreno de ojos castaños, algo más de metro ochenta, constitución fuerte y espalda ancha. Afirma haber perdido una talla desde que sigue las audiencias del programa. Su cara es muy particular, le caracteriza una expresión seria debido a sus rasgos marcados y a la comisura de sus labios, que se inclinan ligeramente hacia abajo cuando está serio. Sin embargo, al sonreír la expresión cambia totalmente. Fuera del ámbito del programa, viste de manera informal: jersey de canalé azul claro, camiseta blanca, pantalones vaqueros y zapatos. El único elemento de unión son las gafas que le dan ese aire inconfundible. Es, ante todo, discreto. Lo único que destaca en su persona son dos anillos de plata en los anulares y un tercero, de caracteres japoneses, en el pulgar derecho. Curiosamente es de los pocos presentadores a los que se les permite llevar los anillos en la grabación del programa. Durante la entrevista deja entrever dos pulseras que parecen ser de hilo, una de ellas con su nombre grabado.

    En la Gala de Presentación de la Nueva Programación de TVE se dio a conocer como el nuevo presentador del Un, dos, tres... ¡A leer esta vez!. ¿Qué hay por detrás de aquella noticia?
    “Una gran sorpresa. Porque no esperaba tener esa suerte. Yo estaba en Zaragoza preparando tranquilamente la cuarta temporada de mi programa de entrevistas Qué viene el lobo y fue el 8 de septiembre cuando Chicho me llamó por teléfono y me dijo: ‘¿Estás en Madrid?’, ‘No, estoy en Zaragoza pero en dos horas y media puedo estar en Madrid’, y me dice ‘No, no es necesario. Vente mañana. ¿Puedes venir mañana? Pues quedamos a comer’. Y ahí colgó. Con lo que yo tenía la incertidumbre de qué querría. Pasé una noche... ¡Imagínate!. Lo único, que yo pensaba que iba a ser otro presentador. Yo sabía que volvía el Un, dos, tres.... Los rumores es que iba a presentar Juan y Medio, pero él dijo que no. El día 9, ya en su casa por la tarde, me dijo que iba a presentar el Un, dos, tres.... No me lo pregunto. Ya hacía dos años y medio que sabía la respuesta. Pues hay mucha sorpresa y mucha tensión. A final de Verano me llama Paloma — secretaria de Chicho — y me pide que le mande una cinta con imágenes de lo último que estaba haciendo. Entonces yo le mandé la cinta, un video-currículo, de 11 minutos. Y le mandé una carta con las 10 razones, entre otras cosas, por las que yo era el presentador ideal del Un, dos, tres.... Dice Chicho que estoy aquí por la entrevista que le hice, por esa cinta que le confirmaba lo que ya pensaba y, sobre todo, por la carta".

    La vocación de ser presentador le vino desde pequeño. ¿Qué le llevó a pensar en dedicarse a ello?
    “Desde que tengo recuerdos los asocio con el mundo de la comunicación. Mis padres dicen que desde crío ya tenía claro que lo que me apetecía era transmitir y contar algo. Yo radiaba los partidos de chapas y hacía tipos de presentadores. En el colegio empiezo a tener claro qué es lo que me gusta, rondaba los 12 años. Cuando había un festival en el colegio yo no quería hacer nada más que presentar. Iba al organizador, que siempre era el mismo, y se lo pedía. Nadie se lo pedía, solamente yo. Y a nadie decía que no, solamente a mi. Entonces nunca pude presentar. Hay niños que tienen muy claro lo que quieren ser. Yo quería ser el maestro de ceremonias, el que transmite. Yo quería ser el comunicador, eso es lo que me gustaba. Es muy divertido porque ese profesor nunca me dejó, me decía que era muy charlatán. Él pensó que estaba jugando. Ese es el problema, algunas veces, de la educación que hemos tenido. ¡Cuánta gente se habrá quedado con los sueños a medio camino porque se cruzó con alguien que lo único que hacía era cortarle¡ — en pocos instantes recupera un tono agudo y simpático e ironiza con lo comercial que parece su historia —. Parece como un guión de película ‘desde pequeño tenía claro que quería ser presentador’ — risas —. No sé si es tan poético, tan cinematográfico pero sí que es verdad que lo tenía claro."

    Luis Roderas ha sido un auténtico seguidor del programa. En su mesilla de noche tenía una Ruperta-hucha que nunca utilizó como hucha “porque era más bien mascota". Además tiene un cepillo de dientes con “su" Ruperta en casa.

    Fue su hermano David quien le introdujo en el mundo de la Televisión. En esos momentos usted estaba en la radio de Zaragoza...
    “Yo estaba en una radio muy pequeñita. Lo que ocurre es que tenía la intención de hacer un programa de cine o, al menos, empezar a flirtear con la televisión. Y fui a una televisión local, a la primera que se hizo en Zaragoza, presenté un programa de cine que se llamaba Sesión Continua. Y lo llevé un día después de que hubieran contratado a una persona para un programa de cine. Y un año después, gracias a mi hermano, ese mismo proyecto lo llevamos a esta nueva televisión y 15 días más tarde estaba grabando el primer programa".

    Que viene el lobo supuso un estabilidad en su carrera, pero en Octubre de 2002 Javier Coronas se tuvo que marchar. ¿Cómo se afronta perder a un colaborador con el cual tiene esa complicidad?
    “Los dos años con Javi fueron de lo mejor que me ha ocurrido en televisión. Al margen del Un, dos, tres..., sin duda lo mejor. Y cuando Javi consigue dar un paso de gigante que es ir a Lo + Plus, nada más ni nada menos, donde él está demostrando día a día el talento que tiene. Nosotros nos planteamos seguir con el equipo que había, hacer unas variaciones, mover ficha y preparar una nueva temporada. Coincidió su marcha con el cambio de cadena de Antena Aragón en horario de noche, y pasamos a TVE Aragón con una cobertura regional y en horario de tarde. Con lo que todo cambia, lo único que hicimos fue adaptar. Eso lo hizo más fácil"

    A consecuencia de su popularidad, en su tierra fue elegido para leer el pregón de las fiestas del Pilar de 2002. ¿Cómo se sintió en el momento de estar frente a toda su gente?
    “Eso fue escalofriante — se incorpora de la silla, gesticulando y mostrando su regocijo al recordar aquella situación —. Cuando me llamaron me tranquilizó saber que era la primera opción. A mi me llenó de orgullo y de sorpresa. Fue una cosa increíble. Recuerdo que yo hice mi pregón. Estaban mis padres, mis amigos... Me temblaban las piernas, me lo pasé muy bien. Yo hice un pregón muy a mi estilo, es decir, fuera de lo que es un pregón tradicional. Lo intenté hacer divertido y creo que la gente se lo pasó bien. Fue un día espectacular. Guardo con cariño un blusón con los escudos de todas las peñas. Yo soy de las personas que, sin entrar en provincianismos, amo mucho a mi tierra. Dicen que es muy complicado ser profeta en su tierra: yo no he tenido nada más que apoyo por parte de todos mis compañeros de medios de comunicación. Siempre dentro de una lógica y una coherencia".

    El apoyo por parte de sus compañeros ha sido muy importante, pero también por parte de su familia y amigos...
    “Mi familia presenta el Un, dos, tres... conmigo cada viernes. Es precioso. Y es cierto puede parecer una tontería, pero no es así. En televisión se ríen conmigo porque van viniendo poco a poco a compartir el sueño. Yo a mis padres les dije que viniesen deprisa porque no sabía cuanto va a durar". Es necesario sentirse arropado...“Sí, es necesario sentirse arropado".

    Cuando se hizo público que iba a presentar el Un, dos, tres... muchos amigos le enviaron mensajes diciéndole: “¿Ves? A veces los sueños se cumplen". Ahora mismo no añora nada concretamente, “pero sí que añoro mi grupo de gente. Que se les quiere mucho. ¡Caray!".

    ¿Qué experiencia considera que le ha enriquecido profesional y humanamente?
    “Si yo me dedico a esto probablemente sea gracias a Félix Zapatero, el director de el programa Que viene el lobo. Coincidí con él cuando hacía mis pinitos en televisión local. Esta persona se cruzó conmigo y me dijo: ‘Oye, ¿te has pensado a dedicar a esto profesionalmente?’. Le dije que me encantaría y me dijo: ‘Pues tómatelo en serio’. Ese fue el día que empecé a tomarme en serio, hacer un órdago en mi vida, dejar la universidad y jugármelo todo con los medios de comunicación. Él es el que más me ha enseñado. Fue el primero en enseñarme a tener paciencia y permitir el disfrute con lo que estás haciendo".

    A lo largo de su carrera ha conocido a grandes personalidades. ¿Qué le ha aportado todo ello?
    “Ha supuesto, lo primero, aprender a respetar en su justa medida. Cuando haces una entrevista no debes colocarte por encima del entrevistador. Eso no está bien porque entonces no le das la importancia que quiere la persona con la que estás hablando. Pero tampoco colocarte por debajo porque entonces la otra persona se va a sentir incómoda. Y eso es lo que me ha ayudado a mi. Te ayuda a ir encontrando tu sitio dentro de lo que es este mundillo de la entrevista. Y luego te das cuenta también si de verdad te gusta o no este mundo"

    Una de aquellas personas fue José Ramón Escriche, ex-campeón de boxeo de España, cuando trabajaba como speaker en las veladas de Canal +.¿Es muy distinto el trabajo en un mundo como el boxeo?
    “No tiene nada que ver. Son churras con merinas. El único nexo de unión sea quizá el concepto de espectáculo. En el boxeo son las salidas de los boxeadores, el alargar los nombres, las ráfagas de luz, esas salidas cuando les acompañas hasta el ring, el bullicio del público.... Presentar a Javier Castillejo cuando buscó la reválida del campeonato del título mundial en Parla fue espectacular".

    Luis Roderas es una persona muy expresiva, que gesticula mucho. Es casi imposible hablar con él y mantenerle la mirada sin prestar atención a los gestos de sus manos. La manera de moverlas denota una actitud abierta, acorde a la conversación, que ayuda a comprender en muchas ocasiones el significado de sus palabras. Es tal su actividad que el movimiento de éstas, el deslizamiento de los dedos por la mesa, el tamborileo y el choque del anillo con la superficie queda reflejado en la cinta que está grabando. Es un auténtico placer ver a alguien que se expresa de manera tan contundente y que disfruta hablando. Sin embargo, lo hace en mayor medida con su mano derecha. Mientras la izquierda permanece la mayor parte del tiempo apoyada en sus piernas, casi invisible frente al movimiento reiterado de su compañera.



    Ya tiene Ud. muchos seguidores pero para algunos es ahora cuando empieza a convertirse en una cara conocida ¿Qué ha supuesto para Ud. el cambio a la televisión pública de ámbito nacional?
    “Ha supuesto que vaya donde vaya hay alguien que te reconoce. Antes salía de Aragón y ¡ya estaba!. No existía para nadie. Ahora no, ahora te vas a Ciudad Real y siempre hay alguien que te reconoce. Afortunadamente, si no las cosas no irían bien. Pero siempre hay alguien que dice: ‘¡Hombre, el del Un, dos, tres...’. Ya no eres anónimo, pasas a ser observado".

    Concretamente, en su trabajo en el Un, dos, tres... se ha caracterizado por su improvisación y sensatez. Sin embargo ha de seguir el guión. ¿Consigue un término medio?
    “El Un, dos, tres... se caracteriza por tres partes. Yo no llevo guión, el único guión que llevo es la réplica con los actores. Obviamente eso si que no se puede improvisar. Hay unos chistes que tienen que tener un pie y eso es lo que yo memorizo. El resto del programa me da libertad. Con lo que hay días que estás muy bien, otros días estás solamente bien y otros días: ‘¡Por favor! Que le pongan rápidamente a este chaval un guionista porque es patético’. Pero eso es lo que creo que me permite a mi coger ese punto medio. Que sé cuando empieza el guión y otras veces lo que hago es ser yo mismo jugando al propio Un, dos, tres.... En mi trabajo, en los medios de comunicación, a 50 personas les gustaré y a 50 no."

    A lo largo de estos 10 programas se ha demostrado que Ud. es una persona que gusta a ambos sexos.
    “¡Es formidable!. Lo que sí que intento es hacer lo que Chicho me dijo — se corrige y levanta el índice para señalar importancia —, me exigió, el primer día: ‘Pásatelo bien y se tú mismo".

    Chicho tiene fama de ser una persona muy perfeccionista— Mientras asiente rotundamente, continúo con la pregunta —. ¿Cómo es su actitud en cada programa?
    “Me deja volar libre. Tengo muy claro quién soy. No me creo eso de que al no llevar guión soy una supermáquina. No, no soy Javier Sardá. Él es un monstruo. Yo no. Yo tengo muy claro quién soy y dónde estoy. Chicho lo que hace sugiere, más que ordenar. Todo esto va puliendo la forma del presentador. Yo empecé cogiendo dinero a los concursantes, Chicho esa ida suya no le acabó de cuajar. Fuimos eliminándolo paulatinamente. Llegó un día en el que Luis Roderas formó parte, nunca mejor dicho, de la parte positiva. Es muy perfeccionista, pero sobre todo es un gran director. No me presiona y eso es muy importante".

    Cuando le preguntamos si ha tomado algo de referencia de anteriores presentadores no duda en afirmar que intenta ser él mismo, e intenta evitar las comparaciones porque “a día de hoy no les alcanza". Es una persona muy atenta y, al comienzo de cada programa, no se olvida del público y dedica unos segundos a saludarles con un “¡Qué tal! ¿Cómo va?". Así mismo intenta ayudar a los concursantes en la medida de lo posible y “formar parte, nunca mejor dicho, de la parte positiva" del programa. Nos advierte que “siempre se ha visto todo. No hacemos nada detrás de las cámaras, jamás."

    Uno de los momentos más divertidos que recuerda del programa fue en “rimas y leyendas" cuando “me llenaron la espalda de una especie de gelatina. Y luego, por supuesto, me pegué un ‘morrón’. Que no sólo no lo quito Chicho, sino que le puso efectos, musiquilla y repetición a cámara lenta. Pero eso tiene vida. Intento pasármelo bien para el que lo esté viendo vea que hay gente que se lo está pasando bien. Y si de verdad quiere entretenerse yo pienso que es mucho más fácil entretenerte viendo a alguien que se entretiene, que viendo a alguien que intenta entretener. Yo no estoy representando el papel de presentador que tiene que hacer que el que esté viendo tiene que pasárselo bien, sino que, afortunadamente, mi papel es el de presentador, o chaval con gafas, que, por suerte o por desgracia, es el presentador pero que se lo pasa mejor que ninguno. Los ataques de risa que me dan, me dan."

    En el momento referirse a las nuevas incorporaciones de cómicos, como Enrique San Francisco, muestra un atisbo de satisfacción personal. Su actitud hace que nos contagie esa ilusión que tiene. “¡Era genial! Es formidable. ¡Caray!". Destaca lo mucho que significó para él el dar la réplica a gente que él había admirado y querido entrevistar. “Es un lujo, chiquilla".

    Por ahora, en un futuro próximo se dedicará exclusivamente al Un, dos, tres.... “El Un, dos, tres... me llena. Además es un amante muy exigente y no me permite ningún tipo de frivolidad exterior". Si quisiera dirigir un programa tendría que tener como característica principal el espectáculo. Aunque “se iría a pique porque soy un director muy novato. Con años vista y siendo optimista..."

    ¿Se ha planteado hacer otra cosa aparte de radio y televisión?
    “El cine, me apasiona el cine. Soy un devorador compulsivo de cine. Si Dios quiere haré algo de cine en un futuro" Si todo va bien podrá rodar un corto en verano, lo hace sin ninguna pretensión. Es una ‘comedieta’ relacionada con un ascensor. Y hasta aquí puedo leer..."

    ¿En este momento de su vida es feliz? “Muy feliz, como para no serlo...Ahora mismo sí, estoy casi lleno. La vida no empieza y acaba en el trabajo. Pero ten en cuenta que estoy a 320 Km. de mi familia y ese ‘casi’ es un ‘casi’ importante. Pero por lo demás estoy pletórico. Ojalá pueda hacer muchas cosas"

    La entrevista se resuelve tranquilamente. Esta experiencia no concluye aquí. Antes de una afectuosa despedida en la puerta de la productora, Luis Roderas nos muestra el despacho de Chicho. Se trata de un despacho amplio donde dos tazas, que debían de contener café, se han dejado olvidadas en la mesa de conferencias. Las paredes están decoradas con los carteles de sus películas, retratos, láminas y fotografías. Entre todas ellas destacan una mención especial a Historias para no dormir y un dibujo de la primera Ruperta, que pudo dibujar el mismo Narciso Ibáñez. Hay mucha historia en aquellas paredes...

    Luis Roderas no se olvida de su gente, de sus orígenes. Sabe quién es y dónde se encuentra. Sin embargo, no tiene tan claro hacia donde va. Este joven maño es una persona respetuosa, amable, sencilla y directa.


    Viernes, 2 de abril de 2004.

Referencias

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Comentarios

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  • 18/05/2005 20:21 APOS
  • me ha gustado mucho este articulo Sonrisa grande

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  • 18/05/2005 20:30 velice
  • ¿Lo has leido entero? No me lo creo xD.

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